[299] esecutarse, ejecutarse. (V. [Eg. II, v. 253, nota].) La doble ss que pone Herrera, conforme a la ortografía de su tiempo, en essecutarse, fuessedes, supiesse, desso, passarse, etc., no la conservamos en ningún caso.

[300] A esto aludió F. de Cangas, diciendo:

«Porque no quiere el amor — La muerte del amador, — Sino tomallo a partido; — Que perdonar al rendido — Es gloria del vencedor.» (Herrera, Anotaciones, pág. 224.)

[301] Lo de tendido en este verso y en el 13 de esta misma canción fue enmendado en rendido por D. Diego Hurtado de Mendoza, considerando aquella voz menos digna, «pero juzga doctamente D. Juan de Fonseca y Figueroa que no se ha de mudar, por ser modo ordinario de los poetas latinos jacere ante pedes... y en los griegos frecuentísimamente, mirando por ventura a la costumbre de los que rogaban tocando las rodillas y echados a los pies.» (Tamayo, notas, fol. 18.) (V. [Eg. II, v. 661, nota].)

[302] La amarillez de los que aman, dice Herrera que «debe proceder, por ventura, de tristeza y profundo cuidado, porque arrebatados en consideración de lo que desean, gastan y destruyen la propia virtud y impiden sus operaciones con la vigilia y trabajo de los espíritus», pero reconoce como causa general «la poca fuerza del calor natural que no puede digerir bien ni hacer buena sangre». (Anotaciones, pág. 225.)

[303] Contrastar: hacer frente, resistir.

[304] «Pensaron los antiguos que los vientos eran intérpretes y mensajeros que llevaban los ruegos y votos y todas las palabras a las orejas de los dioses... y los votos que no tenían suceso y eran vanos, pensaban que los vientos no los llevaban ante los dioses, antes los disipaban o arrojaban lejos, en regiones apartadas.» (Herrera, pág. 231.)

[305] Los últimos versos de esta estancia, mal conocidos en su forma original, han sido modificados a su manera por cada anotador, como puede verse en Tamayo, notas, fol. 20.

[306] Herrera llama aquí la atención con estas palabras: «Ningún poeta élogo (de elegía), conforme a lo que yo he leído dellos y me acuerdo, pudo alcanzar a decir tanto como esto.» (Anotaciones, pág. 233.)

[307] En esta Canción hay diez versos agudos, uno en la Canción primera, cuatro en la tercera y cuatro en el Soneto XXVII, y estos versos troncados o mancos, que llama el toscano, «son dinos de reprehensión», como dice Herrera, pág. 232. Tienen versos endecasílabos agudos el Marqués de Santillana, y en el Boscán, Sa de Miranda, Hurtado de Mendoza y otros. Siglo XVI. Parece seguro que en tiempos de Garcilaso, el rigor del criterio paroxitónico, o de acentuación grave, que después ha prevalecido, no se cumplía ni entre los mismos italianos, puesto que en el mismo Orlando de Ariosto hay cinco o seis casos de versos agudos. Hoy solamente son lícitos en ciertas combinaciones métricas. (Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 219 y sigs.; Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 414-417.)