[308] «Más abajo de Presbourg, ciudad de la Hungría occidental, se divide el Danubio en dos brazos, los cuales no se reúnen hasta Komorn, plaza fuerte de la Hungría oriental, y forman una gran isla a la que se ha dado el nombre de Schut. Previendo Carlos V —cuando el socorro de Viena, 1532— que Solimán podía traer embarcados por el río víveres y pertrechos de guerra, para estorbarlo envió algunas tropas a esta isla con orden de formar en ellas cuantas baterías se juzgasen necesarias.» (Navarrete, páginas 40-43.)

[309] En la isla de Schut, cuya frondosidad y belleza tanto alaba Garcilaso, estuvo él preso, en efecto, de orden del Emperador, desde marzo a junio de 1532, por su intervención en el desposorio de su sobrino con D.ª Isabel de la Cueva. Ya se ha dado noticia de este suceso en la Introducción.

[310] «... Tú, Danubio, río divino, — Envolviste en tus ondas sus razones...» (Elegía a la muerte de Garcilaso, por Cristóbal Mosquera de Figueroa, Anotaciones de Herrera, pág. 39.)

[311] Fieras tiene el valor de belicosas, y el poeta lo dice particularmente por los antiguos suevos, etc., pobladores de las naciones del Danubio. (Herrera, pág. 240.)

[312] De esta Canción hace Tamayo, notas, fol. 21, el siguiente elogio: «Es tal, que a mi ver, no tienen todas las lenguas juntas cosa más culta, y así, es la primera de las obras de Garcilaso, que cuando sola quedara de tanto como tenemos que agradecer al tiempo que nos ha conservado, como de quejarnos dél por lo que nos quitó, bastaba para la honra de un gran varón; porque si se mira la poesía, es cuidadosa; si la materia, importantísima; si la disposición, extremada; si la dificultad de la mucha filosofía que en sí encierra, reducida con suma claridad a lo que solo el ingenio capacísimo de Garcilaso podía comprehender, no otro...» Poco menos dice Herrera en sus Anotaciones, pág. 250.

[313] El licenciado Juan López de Úbeda dice en el prólogo de su Vergel de Flores divinas (1582) que Garcilaso, Boscán, Castillejo y otros muchos autores después de haber gastado tiempo en escribir versos a lo humano, vueltos en sí, y comprendiendo la vanidad de sus escritos, «escribieron cosas maravillosas a lo divino, como la Conversión, de Boscán, que anda escrita de molde; la Elegía al Alma, de Garcilaso, y ansí otras muchas». No se sabe a que elegía de Garcilaso alude Úbeda. (Menéndez y Pelayo sospecha que acaso quiso referirse a esta Canción cuarta, Antología, XIII, pág. 393.)

[314] «Confesado: habiendo publicado mi mal. Este verso humilló mucho la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión de Garcilaso al dogma católico.

[315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...» (Herrera, pág. 252.)

[316] a la hora por luego, inmediatamente: el escribano Rodrigo de Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del desposorio, empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las complir, y para ello ir a la hora a la villa de Tolosa.» «E luego a la hora, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete, págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón, que le dio a la hora de buena gana, contento de sastisfacerse de su injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, Historia. Conquista de Sevilla.)

[317] Se rindió la razón al apetito.