No porque el mal ajeno te contente,

Mas porque, en la verdad, es dulce cosa

Carecer del dolor que el otro siente...»

Garcilaso y Mendoza, según Herrera, imitaron aquí a Lucrecio. (Anotaciones, pág. 211.)

[389] A Boscán, desde la Goleta. Soneto núm. XXXIII, en Azara y Castro. Por lo que Garcilaso dice en estos últimos versos de este soneto, se ha supuesto que debió tener alguna aventura galante en la Goleta, durante la curación de sus heridas (Cienfuegos, o. c., lib. II, pág. 50; Navarrete, pág. 66, nota 1); me parece que no hay suficiente fundamento para esta conjetura; el 14 de julio, con la toma de la Goleta, o acaso después, en alguna escaramuza, fue herido Garcilaso, el 20 se sometió Túnez, y el 12 de agosto regresaron las tropas a España; ciertamente, en menos de un mes que Garcilaso estuvo en la Goleta, y con heridas que le tuvieron a los umbrales de la muerte (Navarrete, pág. 65), ¿qué aventuras galantes había de tener?... más lógico es relacionar estas quejas de su alma temerosa y estas incertidumbres de sus esperanzas, con los temores y las incertidumbres de que pocos días después hablaba a Boscán en la [Eleg. II], por la suerte que en su ausencia hubiera podido seguir el nido que su corazón había dejado en Nápoles.

[390] Hasta aquí llegan los sonetos en Herrera; los seis últimos, desde el XXX inclusive, los admitió como auténticos por opinión común y por afirmación de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso; pero desechó los tres siguientes por no parecerle tan segura su autenticidad (Anotaciones, pág. 206); yo pongo también estos siguiendo una costumbre establecida; conservo estrictamente el texto del Brocense, Opera Omnia, Genevae, 1766, tomo IV.

[391] De este soneto, como del [XXXII] y [XXXVIII], decía el Brocense «que se tienen por de Garcilaso, de un libro de mano».

[392] Tamayo admite este soneto como auténtico; el Brocense lo considera dudoso; Herrera y Azara lo rechazan, y Castro lo tiene por indigno de Garcilaso. Verdaderamente, con tan desdichado juego de sentir, siento, sienta, sentillo y sello, su autor acertó a decir poco de provecho; tal vez no es sino un pobre soneto advenedizo, que debe su fortuna al desconocido editor de aquel libro de mano en que lo encontró el Brocense, figurando entre las demás composiciones de Garcilaso como hijo de la misma mano.

[393] Estas pocas composiciones al estilo antiguo de Castilla, acaso no fueron las únicas que escribió Garcilaso, pero la ruina que alcanzó seguramente a todas las poesías de nuestro poeta, por causa de su orfandad, debió señalarse en las de este género, como más humildes y menos estimadas. Herrera no las acogió en su edición. Los versos cortos, ante la magnificencia del endecasílabo italiano, vinieron a creerse incapaces de conceptos graves, y por esto, y por ser vicio común dar más estima a las cosas extrañas que a las nuestras, cayeron en menosprecio. (Tamayo, fols. 80-82.) Según Castro, esta primera Canción lleva en un manuscrito de Iriarte el siguiente epígrafe: A doña Isabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición.

[394] En otras ediciones lleva este epígrafe: A una partida.