La pena de su ausencia vi mudarse,
no en pena, no en congoja, en cruda muerte,
y en fuego eterno el alma atormentarse.325
A aqueste estado en fin mi dura suerte
me trajo poco a poco, y no pensara
que contra mí pudiera ser más fuerte,
si con mi grave daño no probara
que, en comparación de esta, aquella vida330
cualquiera por descanso la juzgara.
Ser debe aquesta historia aborrecida