Al oír estas palabras, el cabo y los soldados volvieron completamente el rostro hacia mí. Sí; no cabía duda: eran los semblantes y el mirar fijo y velado de los hijos de Egipto. Lo menos un minuto estuvimos mirándonos mutuamente, hasta que el cabo, en la más elocuente lamentación gitana imaginable, me dijo: ¡El erray[12] nos conoce a nosotros, pobres Caloré![13] ¿Y dice que es inglés? ¡Bullati![14] No me figuraba encontrar por aquí un Busnó[15] que nos conociera, porque en estas tierras no se ven nunca gitanos. Sí; su merced acierta; somos todos de la sangre de los Caloré. Somos de Melegrana[16], y de allí nos sacaron para llevarnos a las guerras. Su merced ha acertado; al ver este caballo nos hemos creído otra vez en nuestra casa en el mercado de Granada; el caballo es paisano nuestro, un andalou verdadero. Por Dios, véndanos su merced este caballo; aunque somos pobres Caloré, podemos comprarlo.

—Os olvidáis de que sois soldados; ¿cómo me ibais a comprar el caballo?

—Somos soldados—replicó el cabo—; pero no hemos dejado de ser Caloré. Compramos y vendemos bestis; nuestro capitán va a la parte con nosotros. Hemos estado en las guerras; pero no queremos pelear; eso se queda para los Busné. Hemos vivido juntos y muy unidos, como buenos Caloré; hemos ganado dinero. No tenga usted cuidao. Podemos comprarle el caballo.

Al decir esto, sacó una bolsa con diez onzas de oro lo menos.

—Si quisiera venderlo—repuse—, ¿cuánto me daríais por el caballo?

—Entonces su merced desea vender el caballo. Eso ya es otra cosa. Le daremos a su merced diez duros por él. No vale para nada.

—¿Cómo es eso?—exclamé—. Hace un momento me habéis dicho que era un caballo muy bueno, paisano vuestro.

—No, señor; no hemos dicho que sea Andalou, hemos dicho que es Extremou, y de lo peor de su casta. Tiene diez y ocho años, es corto de resuello y está malo.

—Pero si yo no quiero vender el caballo; al contrario. Más bien necesito comprar que vender.

—¿Su merced no quiere vender el caballo?—dijo el gitano—. Espere su merced: daremos sesenta duros por el caballo de su merced.