Atque semper virgo,

Felix cœli porta!

Proseguía en su charla, cuando el ruido de un disparo de fusil le estremeció.

—Es la retreta—dijo Pascual Fava—. Todas las noches, a las ocho y media, hacen un disparo en el soc; es la señal de cesar los trabajos y de recogerse. Voy a cerrar la puerta, y, si alguien llama, no abriré si no le conozco por la voz. Desde la muerte del pobre genovés el año pasado vivimos muy prevenidos.

Así transcurrió el primer viernes, día sagrado de los musulmanes, que pasé en Tánger. Observé que los moros proseguían sus ocupaciones como si el día no tuviese nada de particular. Entre doce y una, hora de rezo en la mezquita, se cerraban las puertas de la ciudad y a nadie se le permitía entrar ni salir. Es tradición entre ellos corriente que un viernes, a esa hora, sus eternos enemigos, los nazarenos, se apoderarán del país; por lo cual se mantienen apercibidos contra una sorpresa.

FIN DEL TOMO TERCERO Y ÚLTIMO


ACABÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO
EN LA IMPRENTA CLÁSICA ESPAÑOLA,
DE MADRID, A DIEZ Y OCHO DÍAS
DEL MES DE ENERO
DE MIL NOVECIENTOS
VEINTIUNO


NOTAS