moro fino.
No beber vino,
ni comer tocino.
Alargó después el vaso al moro viejo, quien se lo bebió, y luego, conducido por el muchacho, se fué hacia la puerta sin proferir palabra.
—Hade mushe halal[50]—dije con fuerte voz.
—Cul shee halal[51]—dijo el moro viejo volviendo sus ojos ciegos y con antiparras hacia donde había sonado la voz—. De todo lo que Dios da pueden participar sus hijos legítimamente.
—¿Quién es ese viejo?—pregunté a Pascual Fava cuando el ciego y su lazarillo se fueron.
—¡Quién es!—dijo Pascual—. ¡Quién es! Ahora es comerciante y tiene una tienda en el Siarrin, pero en otros tiempos fué el pirata más sanguinario de Argel. Ese viejo, ciego y desvalido, ha cortado más pescuezos que pelos tiene en la cabeza. Antes de que los franceses se apoderasen de la ciudad, era rais o capitán de una fragata, y muchos pobres barcos de Cerdeña cayeron en sus manos. Tomada Argel, huyó a Tánger, y se dice que trajo consigo una gran parte del botín que había reunido en tiempos anteriores. Otros muchos moros argelinos vinieron aquí también, o a Tetuán, pero éste es el más notable de todos. Anda a veces en compañías verdaderamente extraordinarias para un moro, y mantiene intimidad algo excesiva con los judíos. Bueno, a mí eso no me importa; pero que se ande con tiento. Si se hace sospechoso a los moros, ¡pobre de él! ¡Moros y judíos, judíos y moros! ¡Oh! ¡Mal de mis pecados, que me trajeron a vivir entre ellos!
Ave maris stella,
Dei mater alma,