—Vos tenéis el derecho de considerar el asunto de ese modo, Marner; pero yo no lo podré hacer nunca. Espero que me dejaréis proceder de acuerdo con mis sentimientos de justicia. Yo sé que vos os contentáis fácilmente: sois un hombre que ha trabajado duro toda su vida.

—Sí, señor—dijo Marner con acento meditativo—. No hubiera sido feliz sin mi trabajo: eso fue lo que me sostuvo cuando todo lo demás me abandonó.

—¡Ah!—dijo Godfrey aplicando exclusivamente las palabras de Marner a las necesidades materiales del tejedor—. Vuestro oficio ha sido útil en este país, porque hay muchos tejidos que hacer; pero habéis llegado a una edad algo avanzada para ese trabajo asiduo, Marner. Es tiempo de que os retiréis y descanséis un poco. Parecéis muy quebrantado aunque no seáis un anciano, me parece.

—Tengo cincuenta y cinco años, casi seguramente—dijo Silas.

—¡Oh, entonces, podéis vivir todavía treinta años! ¡Fijaos en el viejo Macey! Y ese dinero que tenéis sobre la mesa es al fin y al cabo poca cosa. No durará mucho de una manera o de otra, que lo coloquéis a interés o que lo vayáis gastando. No duraría mucho, aunque no tuvierais que pensar sino en vos... y tenéis que sostener dos personas desde hace muchos años. Deseamos ayudaros.

—¡Ah! señor—dijo Silas, insensible a todo lo que decía Godfrey—, no temo la necesidad, Eppie y yo siempre hemos de saber vencer las dificultades. Hay pocos obreros que cuenten con tantas economías. Yo sé lo que representa este dinero para la gente acomodada; pero a mis ojos es mucho, es demasiado. Y nosotros dos necesitamos muy poca cosa.

—Solamente un jardincito, papá—dijo Eppie sonrojándose en seguida hasta las orejas.

—¿Un jardín os agradaría, querida?—dijo Nancy, pensando que aquel cambio de tema pudiera serle favorable a su marido—. Nos podríamos entender sobre ese punto... yo consagro mucho tiempo al nuestro.

—¡Ah! se trabaja mucho en los jardines de la Casa Roja—dijo Godfrey, sorprendido por lo difícil que le era abordar una proposición que, de lejos, le había parecido muy fácil—. Os habéis conducido muy bien con Eppie, Marner, desde hace diez y seis años. ¿Os agradaría mucho verla en una situación cómoda, verdad? Parece una hermosa muchacha, en buena salud, pero incapaz de soportar ninguna fatiga. No parece una moza vigorosa, hija de padres obreros. Os sería agradable verla objeto de los cuidados de aquéllos que pueden darle fortuna y hacer de ella una dama. Es más apta para eso que para una existencia penosa, como la que podía tener que llevar dentro de algunos años.

Un ligero sonrojo se esparció por el rostro de Marner y desapareció como una luz efímera. Eppie sólo se sorprendía de que el señor Cass hablara así de cosas que no tenían nada de común con la realidad. En cuanto a Silas, se sentía incomodado y ofendido.