—¡Todo ha concluido!
Siempre de pie al lado de él, Nancy se inclinó para darle un beso; luego le dijo:
—Sí, temo que nos veamos obligados a renunciar a la esperanza de tenerla por hija. No sería razonable que quisiéramos hacerla venir a nuestra casa contra su voluntad. No podemos cambiar su educación ni el resultado de ella.
—No—respondió Godfrey con un acento claro y decisivo que contrastaba con su palabra generalmente negligente y floja—. Hay deudas que no es posible pagar como las deudas de dinero, dando una compensación por los años transcurridos. Mientras que yo difería continuamente, los árboles han crecido... Ahora es demasiado tarde. Marner tenía razón en lo que decía respecto del hombre que aleja de su puerta una bendición; esa bendición le toca a otra persona. Antes, Nancy, quise pasar por no tener hijos. Hoy pasaré contra mi voluntad por no tenerlos.
Nancy no habló en seguida, pero un momento después preguntó;
—¿No dirás entonces que Eppie es vuestra hija?
—No; ¿qué bien resultaría de eso para nadie?... al contrario, sería un mal. Haré por ella todo lo que pueda en la condición que ha escogido. Pero es necesario que sepa con quién tiene la intención de casarse.
—Si no hay utilidad en decir eso—repuso Nancy, que ahora se creía autorizada, para aliviarse, a dar paso a un sentimiento que había tratado de sofocar hasta entonces—, os agradeceré que le evitéis a papá y a Priscila el pesar de saber las cosas del pasado, salvo lo concerniente a Dunsey, porque esto no se puede evitar...
—Lo diré en mi testamento... creo que lo diré en mi testamento. No me agradaría que se descubriera nada después de mi muerte; como ese asunto relativo a Dunsey—dijo Godfrey con aire meditabundo—. Pero sólo vería surgir dificultades si hablara ahora. Es necesario que haga lo posible para que Eppie sea feliz a su manera. Se me ocurre una idea—agregó, después de detenerse un instante—. Aarón Winthrop es su novio, es a él a quien quiso referirse. Recuerdo que vi a ese joven volviendo de la iglesia con ella y con Marner.
—Pues bien; es muy sobrio y laborioso—dijo Nancy, tratando de encarar las cosas del modo más favorable que era posible.