—No—dijo Godfrey, sintiendo que un vivo sonrojo le subía a la cara y sintiéndose molesto—; pero no creo que guste de mí.

—¡Qué no creéis! ¿Por qué no habéis tenido el valor de preguntárselo? ¿Siempre deseáis vos casaros con ella? Esta es la cuestión.

—No deseo casarme con otra—respondió Godfrey, de un modo evasivo.

—Pues bien, entonces, dejadme hacer el pedido en vuestro lugar, si no tenéis valor para hacerlo vos mismo, y asunto concluido. No es probable que Lammeter vea con malos ojos que su hija se case en mi familia, me parece. En cuanto a la linda muchacha, no ha querido aceptar a su primo y no veo que otro pretendiente hubiera podido soplaros la dama.

—Preferiría dejar las cosas tranquilas, si así os place, mi padre—prosiguió Godfrey asustado—. Creo que está un poco enojada conmigo en este momento y desearía hablarle yo mismo. De estas cosas es necesario ocuparse personalmente.

—Pues entonces hablad y ocuparos, y tratad de cambiar de conducta. Eso es lo que necesita hacer un hombre cuando piensa en casarse.

—No veo cómo me sería posible hacerlo ahora, mi padre. No querréis establecerme en una de vuestras granjas, supongo, y no creo que ella consintiera en venir a vivir en esta casa junto con todos mis hermanos. Aquí se lleva una vida muy distinta de aquella a que está acostumbrada.

—¿Que no consentiría en venir a vivir en esta casa? No me digáis eso. Preguntádselo y veremos—repuso el squire con una risa breve e irónica.

—Preferiría dejar las cosas quietas por el momento, mi padre—dijo Godfrey—. Espero que no trataréis de precipitar las cosas diciendo cosa alguna.

—Haré lo que me plazca—replicó el squire—, y os haré ver que yo soy quien manda; de otro modo podéis marcharos de esta casa e ir a buscar morada en otra parte. Id a ver a Winthrop y decidle que no vaya a lo de Cass y que me espere... ordenad que me ensillen mi caballo. ¡Ah! esperad; tratad de vender la vieja jaca de Dunsey y de entregarme ese dinero; ¿habéis oído? Ya no mantendrá más caballos a mi costa. Y si sabéis dónde se ha metido—vos lo sabéis sin duda—, podéis decirle que no se dé el trabajo de volver a la casa. Que se haga mozo de cuadra y gane con qué vivir. Ya no me pesará más encima.