—¡Oh Aarón, hijo mío! ¿habíais estado allí?—dijo Silas—. No os había advertido, porque cuando Eppie me habla de algo me abstraigo por completo en lo que dice. Pues bien, sí, si vos me vais a ayudar a cavar, tanto más pronto le haremos un pequeño jardín.

—Entonces, si os parece bien, yo vendré esta tarde a las Canteras. Resolveremos qué terreno conviene cercar y mañana me levantaré una hora más temprano que de costumbre para dar comienzo al trabajo.

—Pero a condición, papá, que me prometáis no cavar—dijo Eppie—; porque yo no os hubiera hablado de-esto—agregó con una expresión reservada y traviesa—si la señora Winthrop no me hubiese dicho que Aarón tendría la bondad de...

—Podíais saber eso sin que mi madre os lo dijera—interrumpió Aarón—; maese Marner creo que también sabe que estoy dispuesto a prestarle mi ayuda de buena gana. No me querrá desairar quitándome esta tarea de entre las manos.

—Bueno, entonces, papá, vos no trabajaréis en el jardín hasta que sea muy fácil—dijo Eppie—, y vos y yo nos pondremos a trazar los canteros y hacer agujeros y a poner plantas en ellos. Las Canteras se volverán un sitio mucho más alegre cuando tengamos algunas flores, porque a mí se me ocurre que las flores pueden vernos y comprender lo que decimos. Y yo desearía tener un poco de romero, de cardamomo y de tomillo; esas plantas huelen bien; pero creo que alhucemas no hay más que en los jardines de los burgueses.

—No es una razón para que no tengáis vos, porque puedo traeros gajos de cualquier planta; estoy obligado a cortar muchas cuando podo y tengo que tirarlas casi todas. Hay un gran cantero de alhucema en la Casa Roja: a la señora le gusta mucho.

—Está bien—dijo Silas con gravedad—, siempre que no nos dediquéis demasiado tiempo o que no pidáis en la Casa Roja nada que tenga algún valor. El señor Cass ha sido tan bueno con nosotros haciéndonos construir la nueva pieza de la choza y dándonos camas y otros objetos, que no podría soportar la idea de molestarle por productos de su jardín o cualquier otra cosa.

—No; no le molestaréis—dijo Aarón—. ¿No hay un jardín en la parroquia donde se pierde una porción de cosas por falta de quien las utilice? Yo me digo algunas veces que nadie carecería de víveres si se sacara mejor partido de la tierra, y si una cosa fuera lo que fuera encontrara una boca para comerla. El trabajar en el jardín hace pensar sin duda en esto. Pero es preciso que me vuelva, porque, si no, mi madre estará inquieta con mi ausencia.

—Traedla con vos esta tarde, Aarón—dijo Silas—, ha de tener algo que indicarnos para que las cosas se hagan mejor.

Aarón se fue y ascendió hacia la aldea, mientras que Eppie y Silas siguieron por el sendero solitario bajo la bóveda de las encinas.