Se calmó instantáneamente, soltó al conde y dijo dirigiéndose á miss
Harvey:

—Perdone usted, señorita. No quería que fuese usted testigo de una escena de violencia, pero me han obligado.

Sorege se volvió hacia miss Maud y dijo con imperturbable audacia:

—He prometido á usted pruebas, miss Harvey, y suceda lo que quiera, se las daré.

Saludó á Julio Harvey con un movimiento de cabeza y mirando despreciativamente á Tragomer, á Marenval y á Jacobo, dijo en tono altanero:

—¡Nos veremos, señores!

—No se lo deseo á usted, dijo Marenval con desdén.

Sin responder, Sorege fué hacia la puerta y salió. Cuando hubo desaparecido todos los presentes se sintieron como libres de un enorme peso. Miss Maud se acercó á su padre y le dijo con sonrisa un tanto forzada:

—Perdóneme usted por haber resistido á sus consejos queriendo casarme con ese personaje. No le había á usted engañado su golpe de vista y había juzgado con acierto.

—Querida mía, un hombre que no es aficionado á los caballos, ni á los perros, ni á los barcos, y que no mira jamás de frente, no puede ser honrado. Eras libre y te dejaba hacer. Pero creo que causarás un gran placer á tus hermanos cuando les digas que has puesto en la puerta á ese caballero.