—En fin, preciso es que se lo confíe á usted como á todos mis otros amigos; no soy libre de disponer de mi. He hecho un voto. En el momento más grave de mi vida, cuando se estaba decidiendo mi salvación ó mi pérdida, juré dedicarme á Dios si me permitía volver á mi familia y á mi país y probar mi inocencia.

Dios me oyó y ya no me pertenezco. Me entrego al que después de haberme castigado justamente, tuvo piedad de mí. Perdón, miss Maud. Si una mujer podía realizar la obra que usted había soñado, esa mujer es usted. Solamente Dios habrá sido preferido.

Maud le miró por última vez y comprendió que todo había acabado. Suspiró y dejando caer en el mar la flor que tenía en los labios, como caían en la nada los ensueños acariciados por su pensamiento, pronunció esta sola palabra.

—¡Adiós!

Y desapareció por el puente, como una sombra.

El día siguiente el yate de Julio Harvey zarpó en dirección de la costa inglesa.

FIN

Les Abymes, abril-agosto 1898.