—Son tal para cual… ¡Un hipócrita con una desvergonzada! ¡Qué dichoso cruzamiento!
En los días en que Tragomer y Marenval estaban preparando su viaje, fueron invitados á comer en casa de la señora de Weller y se encontraron allí con Harvey, su hija y su futuro yerno. Sorege estaba siendo objeto de una verdadera revista por parte de la colonia americana y sufría filosóficamente todos los cumplimientos de los compatriotas de su prometida. Al ver entrar á Marenval y Tragomer, un ligero fruncimiento de cejas acusó solamente su contrariedad. Su sonrisa amistosa no se borró y escuchó con tranquilidad á su suegro cuando éste le explicó las antiguas relaciones comerciales dé Harvey and Cª y Marenval y compañía.
Pero cuando Tragomer fué presentado á miss Maud por Sam Weller y se habló del viaje al rededor del mundo realizado por el joven, Sorege observó contrariado que el ganadero manifestaba por Cristián una repentina simpatía. Después de la comida, que había sido suntuosa, rápida y acompañada de música, lo que hizo imposible toda conversación y simplificó así las relaciones entre los convidados, reduciendo la comida á una simple manifestación gastronómica, los invitados se repartieron por los admirables salones del hotel Weller. Los hombres se fueron á fumar en el despacho de Sam.
En aquella habitación están coleccionados los más hermosos cuadros de la escuela de 1830, comprados á peso de oro por el fastuoso americano. El Degüello en una mezquita de Delacroix, fraterniza con el Concierto de los monos, de Decamp, y la Merienda de los segadores, el mejor cuadro de Millet, hace pareja con la Danza de las ninfas , de Corot. La puesta del sol, de Díaz, la Orilla del río, de Dupré, los Grandes bosques agostados de Rousseau, disputan la admiración á las preciosas praderas de Trayon y á los magníficos estudios de Messonnier. En cuanto Harvey encendió un cigarro, se dirigió á Marenval y á Tragomer, que estaban sentados no lejos de Sorege, y les dijo señalando á los cuadros de su amigo:
—Sam Weller tiene una hermosa galería, pero si ustedes vienen á mi casa del Dakotah, verán que mis cuadros valen tanto como los suyos. Solamente que yo no tengo más que pintores antiguos… Rembrandt, Rafael, el Ticiano, Velázquez, Hobbema…
Marenval miró á Harvey de reojo é interrumpió:
—Esos son los que se copian más fácilmente.
—Sí, pero los míos son todos originales.
—Eso es lo que creen todos los coleccionadores, y como los que les venden cuadros cuidan de no contradecirles…
—¿Pero Sam Weller no tiene más que cuadros auténticos?