—La tenía.

—Pero, según veo, no te sirve jamás....

—Me la arrancó al principio de la lucha....

—¡Luego ha habido lucha! ¡Y nadie ha oído nada! ¿No podías gritar?

—¿No te digo que me estrangulaba? Y su endiablado tutor vino en su socorro.

—¡Roussel! ¿Estaba allí?

—Era el hombre de blusa del día anterior.

—¿Qué hombre de blusa?

—El que dormía al lado del foso.

—¿El que nos insultó?