—Tienen un caballo demasiado bueno para eso....

—Pero, ¿quién les ha abierto la puerta? gritó Clementina con desesperación.

—Ellos mismos se la han abierto.

—¿Y Mauricio estaba en el castillo?

—Y por poco me estrangula.

—¿Dónde le has encontrado?

—En el piso bajo. Su mujer estaba con él.

—¡La infame!

—Se arrojó sobre mí de improviso y no pude defenderme.

¡Haber tirado, al menos; ¿no tenías la escopeta?