—Herminia, sábanas....
—La joven volvió á desaparecer, como si hubiera tenido alas. La señorita Guichard, un poco inquieta, decía al médico:
—Y diga usted doctor, ¿no tendremos enfermedad para tres meses?
—Mañana estará en pie ó, poniéndonos en lo peor, en estado de ser conducido á su casa....
—Entonces, todo va bien.
Se subió al herido durante este tiempo y la joven volvió cargada de fundas de almohada, sábanas, mantas....
—Sería preciso tratar de averiguar con quién nos las habemos, sin embargo, dijo la señorita Guichard, con un resto de desconfianza; porque, al fin, le hemos recogido en medio del camino y acaso es un vagabundo.
—No tiene absolutamente trazas de eso, dijo Herminia.
—¡Vea usted esto!, dijo Clementina riendo; presumes, á lo que parece, de tener buen golpe de vista!... ¡Hele aquí garantido por Herminia; no hay más que hablar!
—¡Oh! tía mía, usted se burla y eso no es caritativo.