—Vamos; vístete, dijo Fortunato; vas á coger frío.

—Pero, ¿cómo es que llega usted tan de mañana?

—Tomé el vapor ayer por la tarde; he corrido toda la noche en ferrocarril y aquí estoy.

—Pero debe usted estar muy cansado....

—Nada, absolutamente. Hablemos de ti.

Durante este tiempo, Mauricio se había vestido.

—Pasemos á tu estudio y estaremos mejor que aquí, dijo Roussel.

Cogió al joven por el brazo, apretándoselo tiernamente, dichoso por tenerle allí, como si hubiera abrigado el temor secreto de no encontrarle en su casa al volver. Llegados al estudio, se sentó, sin haber examinado los lienzos puestos en el caballete, como tenía por costumbre, y dijo, mirando á su hijo adoptivo:

—Cuéntame con detalles tu accidente y tus aventuras con la señorita Guichard.

—El accidente es de los más sencillos y de los más estúpidos ... Imagine usted que fuí cogido en una calleja por una cabalgata de horteras y atropellado antes de haber podido guarecerme.... Tenía la frente contusionada y dislocado un hombro, cuando el jardinero de la señorita Guichard me vió sin conocimiento en medio del camino.... La señorita Guichard me hizo transportar á su casa y me cuidó perfectamente ... No hay más.