—Seremos dos para acompañar á usted, para amarle.

—Entonces, corriente. Dame hoy doble ración de ternura, porque desde mañana viviremos separados ... ¡Así lo exige la política!

Habían llegado á la verja de la quinta de Montretout; entraron y pasaron la velada haciendo proyectos para el porvenir.

Al día siguiente, como había dispuesto Roussel, Mauricio se presentó en la Celle-Saint-Cloud y fué recibido sin dificultades. Introducido en el salón, tuvo que esperar algún tiempo. Sin duda la señorita Guichard quería tomarse tiempo para pensar lo que iba á decir y acaso también enseñar á Herminia adornada con elegante sencillez. Sin embargo, la dueña de la casa apareció sola y avanzó con la frente oscurecida por una nube.

—Celebro infinito ver á usted, señor Aubry, dijo con voz bastante firme. Sin duda ha estado usted enfermo, porque hace quince días que no sabemos de usted.

—Dispénseme usted, señorita, pero no he estado enfermo.

—¡Ah! exclamó Clementina con severidad amenazadora. Entonces habrá usted estado ausente.

—No, señorita; he estado en Montretout....

—¿Tan cerca?, dijo expresando una áspera ironía. Entonces, ¿qué le ha impedido á usted venir?

—He tenido vivos disgustos ... disgustos de familia ... Mi tutor ha vuelto y....