—¿Estás bien seguro?

—Mi padrino está pronto á reconciliarse con ella.... Ayer mismo me lo repitió y lo hará por cariño hacia mí. ¿Puedes admitir que la señorita Guichard sea más intransigente y menos tierna?... Hay que contar con la primera impresión que producirá á tu tía la presencia del señor Roussel. Él está decidido á ofrecerle la mano y hasta á darle explicaciones, ¡y bien sabe Dios que no se las debe!... Si ante tanta condescendencia la señorita Guichard no se desarma, será preciso desesperar de todo. Yo estoy lleno de esperanza porque te adoro, y sin esa reconciliación no hay dicha posible para nosotros.

—¡Ah! Mauricio, hemos sido muy atrevidos ocultando la verdad á mi tía ...¡Acaso hubiera sido mejor decírselo todo!

—¿Para que un cuarto de hora después me hubiera puesto en la puerta y me hubiera impedido volverte á ver?

—Es posible que yo la hubiera enternecido con mis súplicas y mis lágrimas. Me quiere verdaderamente y hubiera dudado antes de causarme tanta pena....

—Eso era dudoso, querida Herminia, mientras que ahora soy tu marido, me perteneces, tengo derechos sobre ti. Y si fueran puestos en duda....

—Bien, ¿qué harías? preguntó la joven con encantadora sonrisa.

—Tomaría una resolución violenta. Te llevaría, de aquí, y lejos de las luchas de familia, al abrigo de antiguos rencores, viviría para ti sola y trataría de hacerte olvidar con mi ternura las afecciones transitoriamente abandonadas....

—Eso sería una ingratitud.

—Eso sería habilidad. Ya verías como se establecía prontamente la inteligencia. El vacío que haríamos traería la reflexión y la reflexión produciría la reconciliación.... Créeme, querida Herminia, unidos somos muy fuertes.... Y si me dejas conducirte, si obras como yo te lo aconseje, tenemos segura la victoria.