—¿Cuántas personas podrán estar sentadas?

—Por lo menos, doscientas.

—Perfectamente. La música del pueblo, ¿será exacta?

Á los postres, es decir, á eso de las nueve, empezará á tocar.

—Seremos treinta y dos á la mesa. ¿Habrá espacio para todos?

El jefe de cocina asegura que cabrían cincuenta.

—Entonces, todo está bien.

—Tú triunfas; pero has jugado una partida muy arriesgada. Si ese joven no hubiera sido tan fácil de conducir, hubieras podido sufrir alguna avería ... Mientras que otro ...

—Tu hijo, ¿no es verdad?

—Sí, mi hijo; respondió Bobart con aire contristado.