—¡Humildad cristiana!
—Pues yo te he conocido menos paciente.
—Se calma uno cuando envejece.
—Y, sin embargo, te he jugado muy malas partidas.
—Eres la única que las recuerda; yo las he olvidado.
—¿Y la tapia que he construído delante de tu jardín?
—Me ha proporcionado excelentes espaldares.
—¿Y el criado que tanto te convenía y que te quité á peso de oro?
—Empezaba á servirme mal.
—¿Y el descrédito que he arrojado sobre tus costumbres?