—Por el momento, replicó con rudeza Clementina; pero va á volver enseguida.
—¿Para qué?
—Para comer.
—¿Para comer ... en tu casa?
—En mi casa.
Los dos se miraron, él con estupor, ella con cólera.
—Me has dado, por cierto, muy exactas noticias ... Te felicito ... Parece que Mauricio y él no han cesado de verse en su vida. ¿Quién era el que les espiaba por encargo tuyo?
—Pues te ha robado el dinero y se ha burlado de ti.
—¿De quién fiarse entonces?