—De sí mismo, y esto á condición de no ser un mentecato.

—Pero, amable prima....

—¡Basta! El mal está hecho: tratemos de repararle. ¿Qué recursos ofrece la ley para romper un matrimonio?

—Romper un matrimonio.... ¿Acaso?...

—¡Nada de comentarios!... Responde categóricamente.

—En la legislación actual, tenemos la separación y el divorcio.... La primera deja subsistir el lazo legal, poniendo la persona y los bienes, ó los bienes tan sólo, de la esposa, por ejemplo, al abrigo de las disipaciones ó de las sevicias del marido; y el segundo, que disuelve completamente el matrimonio y hace á los esposos extraños el uno al otro.

—El divorcio me gustaría más.... Pero es una palabra muy dura, que asustaría á mi sobrina....

—¿Luego es ella?...

—¿Y quién quieres que sea? exclamó Clementina; te pones enteramente obtuso....

Pero, amiga mía; semejante resolución ¿no es para sorprender? Si me fuera permitido darte un consejo, acaso, en efecto, la separación bastaría, por el momento ... Después sería más cómodo convertirla en divorcio.