—Ya estás enteramente metido en honores....

Serás recibido por el Emperador en las Tullerías.... Te estoy viendo entrar en gran uniforme.... Estarás magnífico. Pero ¡cuánto mejor sería el efecto si al entrar te anunciasen: "¡El señor capitán barón de Pontournant!..."

—¡Bah! dijo el novio. El capitán Roussel suena muy bien.

—Sería de muy buen gusto volver á llevar el nombre de una ilustración del primer imperio....

—Mi abuelo no pondría buena cara á un miembro de la caballería ligera de la burguesía parisiense....

—Que podría entrar en la aristocracia tan fácilmente.

—¡Bonita ventaja!

—Un bonito nombre cuadra muy bien á un hombre arrogante.

—Prima, ¡tú te propasas!

—Pero, en fin, ¿á qué viene ese empeño de no llevar tu nombre?