Se miraron, con un principio de sospecha.

—¿Dónde está Clementina? preguntó Roussel.

—Ha salido del salón hace más de un cuarto de hora.

—¡Busquémosla, preguntemos por ella ... en la casa ...¡Ah! ¡Bobart!... ¡Apoderémonos de Bobart!

Cayeron sobre el abogado, que con aire inocente saboreaba un helado, sentado en un mullido sillón, y allí, sin levantarla voz, pero con miradas muy expresivas, preguntaron:

—Bobart, ¿qué es de la señorita Guichard?

—Pues lo ignoro, balbuceó el abogado, levantándose para escapar á las preguntas.

—¡No se mueva usted! y responda, dijo Roussel. ¿Dónde está la señorita Guichard?

—¡No sé! señores, contestó Bobart gritando para llamar la atención sobre él. No comprendo vuestra insistencia....

—Hable usted más bajo, dijo Mauricio, ó le llevo al salón inmediato y allí ... va usted á ver.