Estaba tan amenazador, que Bobart, espantado, permaneció en su butaca sin hacer un movimiento, sin pronunciar una palabra.

—Le doy á usted un minuto para decidirse á responder. Dentro de un minuto le haré á usted responsable de la emboscada que aquí se ha ejecutado.

—¡La emboscada! exclamó Bobart, fuera de sí por el terror. ¿Quién la ha preparado?

—¡Ah! ¿Usted sabe, pues, lo que ha sucedido? Usted conviene en ello....

Yo no convengo en nada.... Ustedes me violentan ... me amenazan....

—Sí; todo lo que convenga para saber dónde está la señorita Guichard....

—Pues bien.... ¡Ha partido!

—¡Ha partido! ¿Con la señora de Aubry?

—Con la señora de Aubry y en la propia carretela de usted. Vaya; ¿está usted satisfecho? dijo Bobart con expresión de radiante alegría.

—¿Adónde la conduce?