—¡Vaya usted á preguntárselo!
—¿La ha obligado á acompañarla?
—¡Obligado! exclamó Bobart. ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué no robado á la fuerza? ¡En medio de quinientas personas! ¡No, no! La señora de Aubry ha seguido á su tía de buen grado.... La señorita Guichard la ha ilustrado acerca del aspecto moral del acto que iba á cometer. La joven ha reconocido que había sido inducida á error y ha partido libremente y por su propia voluntad!...
—¡Viejo tunante! exclamó Mauricio exasperado, y cogiendo á Bobart por un hombro, le sacudió tan rudamente que Roussel vino al socorro del abogado y sé interpuso entre su ahijado y él.
—Vamos, hijo mío, un poco más de calma. En todo lo que el señor dice no hay sin duda ni una palabra de verdad. Hemos jugado una partida y acabamos de perderla: tratemos de tomar el desquite. Para esto no nos las entendamos con los lacayos, sino con los dueños.
—¡Lacayos! repitió Bobart. Sepa usted señor mío....
—¡Nada! interrumpió Roussel; conozco á usted hace mucho tiempo, señor hipócrita, señor pedante.... He dicho lacayo y hubiera podido decir espía....
—¡Y si no está usted contento, añadió Mauricio, puede usted enviarme su hijo!
—No, señor, declaró enfáticamente Bobart. Soy muy suficiente para vengar yo mismo mis injurias. Usted sabrá lo que cuesta tener que habérselas con un hombre como yo....
—¡Los clientes de usted lo han sabido muy bien, maestro en vilezas! dijo Roussel. Pero téngase por advertido y que no le encuentre yo en mi camino, ó le hago pagar las costas con más gracia que usted mismo lo hacía....