El 17 rey de Granada se llamó Abenocín, el Cojo. En tiempo de este sucedió aquella sangrienta batalla de los Alporchones, reinando D. Juan el II. Y pues nos viene a cuento, trataremos de esta batalla, antes de pasar adelante con la cuenta de los reyes moros de Granada.
Es a saber, que según se halla en las crónicas antiguas, así castellanas como arábigas, este rey Abenocín tenía en su corte mucha y muy honrada caballería de moros, porque en Granada había treinta y dos linajes de caballeros, como eran Gomeles, Mazas, Zegríes, Venegas y Abencerrajes; estos eran de muy claro linaje: otros Maliques Alabeces, descendientes de los reyes de Fez y Marruecos, caballeros valerosos, de quien los reyes de Granada siempre hicieron mucha cuenta; porque estos Maliques eran alcaides en el reino de Granada, por tener de ellos mucha confianza, y así servían en las fronteras y partes de mayor peligro, como eran en Vera, el alcaide Malique Alabez, bravo y valeroso caballero; en Vélez el Blanco estaba un hermano suyo, llamado Mahomad Malique Alabez; en Vélez el Rubio había otro hermano de estos alcaides muy valiente, y amigo de los cristianos; otro Alabez había alcaide de Jimena, y otro en Tirieza, frontera de Lorca, y cercana de Orce y Cuéllar, Benamaviel, Castilleja y Caniles, y en otros lugares del reino.
Estos Maliques Alabeces eran alcaides, por ser todos, como hemos dicho, caballeros de estima. Sin estos había otros caballeros en Granada muy principales, de quien los reyes de ella hacían grande cuenta, entre los cuales había un caballero llamado Abidbar, del linaje de Gomeles, caballero valeroso y capitán de la gente de guerra; y no hallándose sino en batallas contra cristianos, le dijo un día al rey:
—Señor, holgaría que tu alteza me diese licencia para entrar en tierra de cristianos, en los campos de Lorca, Murcia y Cartagena, que confianza tengo de venir con ricos despojos y cautivos.
El rey dijo:
—Conocido tengo tu valor, y te otorgo licencia como lo pides; pero temo mal suceso, porque son muy soldados los cristianos de esas tierras que quieres correr.
Respondió Abidbar:
—No tema vuestra alteza peligro, que yo llevaré conmigo tal gente y tales alcaides, que sin temor ninguno ose entrar, no digo en el campo de Lorca y Murcia, mas aun hasta Valencia me atreviera a entrar.
—Pues si ese es tu parecer, sigue tu voluntad, que mi licencia tienes.
Abidbar le besó las manos por ello, y fue a su casa y mandó tocar sus añafiles y trompetas de guerra, al cual bélico son se juntó grande copia de gente bien armada para saber de aquel rebato. Abidbar cuando vio tanta gente junta y tan bien armada, holgó mucho de ella, y les dijo: