—Sabed, buenos amigos, que hemos de entrar en el reino de Murcia, de donde, placiendo al santo Alá, vendremos ricos: por tanto cada cual con ánimo siga mis banderas.

Todos respondieron, que eran contentos; y así Abidbar salió de Granada con mucha gente de a caballo y peones; fue a Guadix, y habló al moro Almoradí, alcaide de aquella ciudad, el cual ofreció su compañía con mucha gente de a caballo y de a pie. También vino el alcaide de Almería, llamado Malique Alabez, con mucha gente muy diestra en la guerra.

De allí pasaron a Baza, donde estaba por alcaide Benariz, el cual también le ofreció su ayuda. En Baza se juntaron once alcaides de aquellos lugares a la fama de esta entrada del campo de Lorca y Murcia, y con aquella gente se fue el capitán Abidbar hasta la ciudad de Vera, donde era alcaide el bravo Alabez Malique, adonde se acabó de juntar todo el ejército de los moros y alcaides que aquí se nombrarán.

El general Abidbar; Abenáriz, capitán de Baza; su hermano Abenáriz, capitán de la Vega de Granada; el Malique Alabez, de Vera; Alabez, alcaide de Vélez el Blanco; Alabez, alcaide de Vélez el Rubio; Alabez, alcaide de Almería; Alabez, alcaide de Cuéllar; otro alcaide de Huéscar; Alabez, alcaide de Orce; Alabez, alcaide de Purchena; Alabez, alcaide de Jimena; Alabez, alcaide de Tirieza: Alabez, alcaide de Caniles.

Todos estos Alabeces Maliques eran parientes, como ya es dicho; se juntaron en Vera, cada uno llevando la gente que pudo.

También se juntaron otros tres alcaides, el de Mojácar, el de Sorbas, y el de Lubrín: todos ya juntos se hizo reseña de la gente que se había juntado, y se hallaron seiscientos de a caballo, aunque otros dicen que fueron ochocientos, y mil y quinientos peones: otros dicen, que dos mil.

Finalmente, se juntó grande poder de gente de guerra; y determinadamente a doce o catorce de mayo, año de mil cuatrocientos treinta y cinco, entraron en los términos de Lorca, y por la marina llegaron al campo de Cartagena, y lo corrieron todo hasta el rincón de S. Ginés y Pinatar, haciendo grandes daños.

Cautivaron mucha gente y ahogaron mucho ganado, y con esta presa se volvían muy ufanos; y en llegando al Puntarón de la Sierra de Aguaderas, entraron en consejo sobre si vendrían por la marina por donde habían ido, o si pasarían por la vega de Lorca.

Sobre esto hubo diferencia, y muchos afirmaban que fuesen por la marina, por ser más seguro. Otros dijeron, que sería grande cobardía, si no pasaban por la vega de Lorca a pesar de sus banderas. De este parecer fue Malique Alabez, y con él todos los alcaides que eran sus parientes.

Pues visto por los moros que aquellos valerosos capitanes estaban determinados de pasar por la vega, no contradijeron cosa alguna; y así las banderas enarboladas, y la presa en medio del escuadrón, comenzaron a marchar la vuelta de Lorca, arrimados a la sierra de Aguaderas.