Los de Lorca tenían ya noticia de la gente que había entrado en sus tierras. D. Alonso Fajardo, alcaide de Lorca, había escrito lo que pasaba a Diego de Ribera, corregidor de Murcia, que luego viniese con la más gente que pudiese. El corregidor no fue perezoso, que con brevedad salió de Murcia con setenta caballos y quinientos peones, toda gente de valeroso ánimo y esfuerzo; y juntose con la gente de Lorca, donde había doscientos caballos, y mil y quinientos peones, gente muy valerosa.

También se halló con ellos Alonso de Lisón, caballero del hábito de Santiago, que era a la sazón castellano en el castillo y fuerza de Aledo. Llevó consigo nueve caballos y catorce peones, que del castillo no se pudieron sacar más.

En este tiempo los moros caminaron a gran priesa, y llegando enfrente de Lorca, cautivaron un caballero llamado Quiñonero, que había salido a requerir el campo; y como ya la gente de Lorca y Murcia venían a priesa y los moros los vieron, se maravillaron viendo junta tanta caballería, y no podían creer que en solo Lorca hubiese tanta lucida gente.

Y Malique Alabez, capitán y alcaide de Vera, le preguntó a Quiñonero, habiéndole quitado el caballo y armas, esta pregunta:

Alabez.

Anda, cristiano cautivo,

tu fortuna no te asombre,

y dinos luego tu nombre

sin temor de daño esquivo;

Que aunque seas prisionero,