Lo mismo hicieron los moros, y entrando Malique Alabez con sus cien caballeros por la puerta de Elvira, salía el socorro, y Alabez los hizo volver.
El rey y los caballeros salieron a recibir a Alabez, y le fueron acompañando hasta su casa, y fue curado de sus heridas.
D. Manuel iba tan enojado por no haber acabado la escaramuza, que no hablaba a nadie, ni respondía a lo que le preguntaban. Echaba la culpa a los suyos, porque habían ido a verlos lidiar, que si no fueran, él consiguiera el fin deseado de la victoria; y era verdad, porque los moros no se movieran si no vieran venir a los cristianos.
Y por esta batalla se dijo el romance siguiente:
Ensíllenme el potro rucio
del alcaide de los Vélez,
denme la adarga de Fez
y la jacerina fuerte,
Y una lanza con dos hierros,
entrambos de agudo temple,