Que allí veo caballeros
en aquella vega llana,
de quien pudiera servirme,
y de ellos ser muy amada.
Habiendo el rey y los demás caballeros ocupado los miradores de la plaza nueva, donde se había de hacer el juego de la sortija, vieron junto a la fuente de los Leones una rica y hermosa tienda de brocado verde, y junto a la tienda un alto aparador con un dosel de terciopelo verde, y en él puestas ricas joyas de oro, y en medio de ellas estaba asida una riquísima cadena, que valía mil doblas de oro, y aquesta era la cadena del premio, sin el retrato de la dama que con ella se ganaba.
No quedaba en toda la ciudad hombre ni mujer que no viniese a ver aquella fiesta; y no faltaron tampoco en ella los moradores de los lugares vecinos.
No tardó mucho espacio de tiempo, cuando se oyó muy dulce son de ministriles que salían por la calle del Zacatín; y la causa era que el valeroso Abenámar, mantenedor de aquella sortija, venía a tomar su puesto, y su entrada fue de esta manera: primeramente cuatro hermosas acémilas de recámara, todas cargadas de lanzas para la sortija, con sus reposteros de damasco verde, todos sembrados de muchas estrellas de oro, y pretales de cascabeles de plata, y cuerdas de seda verde.
Estos fueron con hombres de a pie y de a caballo, sin detenerse hasta donde estaba la tienda del mantenedor, y allí junto fue armada otra muy ricamente aderezada de libreas verdes y rojas, con muchos sobrepuestos de plata, todos con plumas blancas y amarillas: venían quince de una parte, y quince de otra, y al fin de todos ellos, y enmedio, venía el animoso y valiente Abenámar con un vestido de brocado verde, labrado a muchísima costa, y marlota y capellar de inestimable valor y aprecio, y traía una yegua rodada; los paramentos y guarniciones de ella eran del mismo brocado verde, testera y penacho muy rico de verde y encarnado.
Llevaba el gallardo mantenedor sembradas muchas estrellas de oro finísimo por todas las ropas y vestiduras, y en el lado izquierdo sobre el rico capellar un sol muy resplandeciente, con una letra que decía:
Solo yo, sola mi dama;