Del alcaide de Almería,

que es padre de Galiana;

y así en Granada se dice,

que se casarán sin falta.

Finalmente, la manga no tenía precio su valor, y el fuerte Sarracino confiado en su gallardía y destreza, quiso poner la manga en ventura de perderla, no considerando el bravo competidor que tenía delante.

El cual, así como oyó hablar a Sarracino, dijo que aquel era el premio del vencedor, corriendo tres lanzas mejores que el contrario; y si lo vencían perdía su fama y joyas.

Y diciendo esto, pidió que le diesen un caballo de ocho que tenía enjaezados, como se ha dicho, y tomando una gruesa lanza de sortija, se fue paseando por la carrera con tal donaire y brío, que a todos los que le miraban les daba gran contento.

Y viendo la bizarría que tenía, dijo el rey a los caballeros:

—No se niegue el buen parecer y postura que tiene Abenámar a caballo: Sarracino también es buen caballero, y hoy veremos quién lleva la palma del vencimiento.

A la sazón llegó al cabo de la carrera Abenámar, y haciéndole dar a su caballo una vuelta en el aire, dio un brinco muy alto, y luego salió como un rayo, y en medio de la carrera tendió su lanza con un donaire gracioso, y llegando a la sortija, dio por el extremo de arriba, y por muy poco no se llevó la sortija en la punta de la lanza; y no valía nada la que no se llevaba la sortija dentro del hierro, ni se podía ganar el premio si no era de esta manera.