En saliendo la nube, entraron cuatro cuadrillas de caballeros muy galanes.

La una cuadrilla, que era de seis caballeros, traía libreas de brocado rosado y amarillo, los caballos encobertados con la misma librea, con plumas y penachos de la misma color. La otra cuadrilla venía de brocado verde y rojo con la misma color, y penachos de la librea. La tercera cuadrilla venía de brocado azul y blanco, recamado de oro y plata, adornados los caballos con la misma librea. La última cuadrilla venía de brocado amarillo y naranjado, con lazos y recamos de oro y plata, cubiertos los caballos de la misma librea.

Entraron estos veinte y cuatro caballeros con adargas y lanzas, y en ellas pendoncillos de sus libreas, y entre todos hicieron un extremado caracol.

Acabado, empezaron una brava escaramuza doce a doce, que parecía batalla entre enemigos; y acabada la escaramuza tomaron cañas, y divididos en cuatro cuadrillas, jugaron muy bien las cañas, y acabado el juego, fuéronse gallardeando al mantenedor, y le dijeron si quería correr una lanza con cada uno de ellos. Abenámar respondió que sí la correría.

Finalmente con todos veinte y cuatro corrió una lanza, y los quince ganaron joya, y al son de los instrumentos las dieron a sus damas, y se salieron de la plaza, dejando a la gente de ella contenta por haber visto su gentileza y galas.

La una cuadrilla eran Azarques, y en otra Sarracinos, y la tercera Alarifes, y la cuarta Aliatares, toda gente noble y principal, y estimada de todos. Los antepasados de estos caballeros fueron vecinos de Toledo, de los pobladores, gente principal y estimada.

Florecieron estos linajes en tiempo del rey Calafín, que reinó en Toledo: este tenía un hermano, que era rey en un lugar que se llamaba Belchiz, en Aragón; se decía Zaide, y tenía grandes competencias y guerras con un bravo moro llamado Atarfe, deudo muy cercano del rey de Granada; y habiendo hecho partes con Zaide y el moro Atarfe, el rey de Toledo, por manifestar la alegría que tenía de que su hermano y Atarfe fuesen ya amigos, hizo una fiesta solemne, en la cual se corrieron toros, y hubo un vistoso juego de cañas, y los jugadores de ellas fueron estos cuatro linajes de caballeros, Sarracinos, Alarifes, Azarques y Aliatares, abuelos de los caballeros nombrados en el juego de sortija.

Otros dicen que las fiestas que el rey de Toledo hizo no fueron sino por dar contento a una dama llamada Zelindaja, a quien el rey quería mucho, y tomó por achaque las paces de su hermano Zaide con el granadino Atarfe.

Sea por una de las dos causas, ellas se hicieron, como está dicho; y estos caballeros eran de aquella prosapia y sangre de aquellos cuatro linajes.

La causa de vivir en Granada fue, que como se perdió Toledo, se retiraron a Granada; y de aquellas fiestas ya dichas y del juego de cañas que se hizo en Toledo, quedó grande memoria, por ser las fiestas notables de buenas, y por ellas se dijo este