Y si con valor extraño

la Rambla pueden romper,

muy bien se puede entender,

que ha de ser por nuestro daño.

Pues al arma, que ellos vienen,

y en nada no se detienen:

tóquese el son y la zambra,

porque lleguen a la Alhambra

nuestras famas, y resuenen.

CAPÍTULO II.