En que se trata de la sangrienta batalla de los Alporchones, y la gente que en ella se halló de moros y cristianos.

Apenas el capitán Malique Alabez acabó de decir estas palabras, cuando el escuadrón de los cristianos acometió con tanta braveza y pujanza que a los primeros encuentros, a pesar de los moros que lo defendían, pasaron la Rambla. No por eso los moros mostraron punto de cobardía, antes tuvieron más ánimo peleando.

Quiñonero, como vio la batalla revuelta, llamó a un cristiano, que cortase la cuerda con que estaba atado; y siendo libre, al punto tomó una lanza de un moro muerto, un caballo y una adarga, y con valor muy crecido, como era valiente caballero, hacía maravillas.

A esta sazón los valerosos capitanes moros, en especial los Maliques Alabeces, se mostraron con tanta fortaleza, que los cristianos estuvieron a punto de pasar la Rambla contra su voluntad; lo cual visto por Alonso Fajardo, y Alonso de Lisón, y Diego de Ribera, y los principales caballeros de Murcia y Lorca, pelearon tan valerosamente, que los moros fueron rompidos, y los cristianos hicieron muy notable daño en ellos.

Los valientes Alabez, y Almoradí, capitán de Guadix, tornaron a juntar gente, y con grande ánimo volvieron sobre los cristianos con bravo ímpetu y fortaleza.

¡Quién viera las maravillas de los capitanes cristianos! Era cosa de ver la braveza con que mataban y herían en los moros.

Abenáriz, capitán de Baza, hacía gran daño en los cristianos, y habiendo muerto a uno de una lanzada, se metió por enmedio de la batalla haciendo cosas muy señaladas; mas Alonso de Lisón, que le vio matar aquel cristiano, de cólera encendido procuró vengar su muerte, y así con grande presteza fue en seguimiento de Abenáriz, llamándole a grandes voces, que le aguardase.

El moro revolvió a mirar quien le llamaba; y visto, reconoció que aquel caballero era de valor, pues traía en su escudo aquella encomienda de Santiago, y entendiendo llevar de él buenos despojos a Baza, le acometió con gran ímpetu; pero el caballero Lisón se defendió con gran destreza, y ofendió y acosó de suerte al moro, que en poco rato le hirió en dos partes; y como se vio tan herido, se encendió en más cólera, y procuró la muerte del contrario: mas muy presto halló en él la suya, porque Lisón le cogió en descubierto de la adarga un golpe por los pechos, tan fuerte, que no aprovechando la cota le metió la lanza por el cuerpo, y al momento cayó el moro muerto del caballo.

El caballo de Lisón quedó mal herido; por lo cual le convino tomar el caballo del alcaide de Baza, que en extremo era bueno, y se entró en el mayor peligro de la batalla, diciendo a voces: Santiago, y a ellos.

El famoso Alonso Fajardo andaba entre los moros, y el corregidor de Murcia asimismo, que era cosa de maravilla, y tanto pelearon los de Murcia y Lorca, que los moros fueron segunda vez rompidos; mas el valor de los caballeros granadinos era grande, y pelearon fuertemente; y como tenían tan fuertes caudillos, asistían a la batalla con mucho ánimo; y era tan grande el valor y esfuerzo de Alabez, que en un punto tornó a juntar su gente, y volvió a la lid, como si no hubieran sido rotos alguna vez.