y en el pretal la ha colgado.

Volviose para su gente

muy malamente llagado,

y su gente le llevó

donde fue muy bien curado.

A cuatro días que pasó esta escaramuza, se supo en Granada como Aliatar murió a manos del maestre, lo cual sintió mucho el rey, viendo que en tan poco tiempo le había muerto dos tan buenos caballeros, como eran Aliatar y Albayaldos.

También lo sentían todos los caballeros, y la alegría de los días pasados se volvió en tristeza y pesar por la muerte de estos dos tan principales; lo cual visto por el rey, acordó con su consejo, que se volviesen a alegrar, y ordenose que todos los caballeros que jugaron en la sortija pasada, se casasen con las damas; que se hiciese sarao público, y se cantase y danzase la zambra, que es fiesta entre moros muy estimada, y que se corriesen toros, y hubiese juego de cañas. Y para esto dio el rey orden al valeroso y valiente Muza, el cual se encargó de hacer las cuadrillas del juego, y de hacer traer los toros.

Grande contento sintieron los caballeros mancebos que tenían damas; y así toda la ciudad tuvo tanta alegría como de antes, y aun más, porque luego los caballeros comenzaron a ordenar juegos y máscaras de noche por las calles, mandando poner grandes hogueras y luminarias por toda la ciudad, de suerte que la noche parecía día.

Será bueno decir quiénes fueron los caballeros y damas que se casaron.

El fuerte Sarracino con la linda Galiana; Abindarráez con la hermosa Jarifa; Abenámar con Fátima; Malique Alabez con la linda Cobaida, que ya le habían traído de Arbolote, y estaba de todo punto sano de sus penetrantes heridas; Azarque con Arbolaya; un caballero Almoradí con la bella Sarracina; un caballero Abencerraje con Celima: todos estos caballeros y damas nombradas fueron casados en la misma sala real, en la cual hubo dos meses de fiesta y zambra.