con el acero en el suelo.
Habiendo hecho su caracol muy gallardamente, tomaron su puesto, y al punto los dos bandos se apercibieron de cañas para el juego.
El rey, que ya tenía vistas las letras y divisas de los caballeros, entendió por ellas el rencor que tenían; y porque no resultase algún escándalo en tiempo de tantos regocijos y fiestas, luego se quitó de los miradores, y acompañado de todos los grandes de su corte bajó a la plaza antes que se comenzasen las cañas, que no fue poco importante su asistencia.
Puesto a un lado mandó que jugasen, y al son de los añafiles y chirimías se comenzaron a jugar las cañas, hechas cuatro cuadrillas. Las cañas se jugaron sin haber desconcierto alguno, aunque lo hubiera muy grande, si el rey no descendiera a la plaza, porque los Zegríes venían de mano armada contra los Abencerrajes, los cuales, escarmentados de la pasada, estaban apercibidos para lo que se ofreciera; pero con la presencia del rey que estaba con ellos, no ejecutaron su intento los Zegríes.
Habiendo visto los moros de los bandos contrarios al rey, estuvieron con mucha concordia, y se acabaron las fiestas de aquel día sin pesadumbre y con mucho gusto, que no fue pequeño misterio.
Y por estas fiestas de toros y juego de cañas se hizo el siguiente
ROMANCE.
Con más de treinta en cuadrilla,
hijosdalgo Abencerrajes,
sale el valeroso Muza