—Señor, a este casamiento que pide el Zegrí no hay lugar, porque es mi esposa desde que la libré de los cristianos, y entre los dos nos hemos dado palabra de esposos, y hay también prendas que son confirmación de esto que digo: nadie como la dama puede decir lo que pasa; y no pretenda agraviarme ninguno, porque me lo pagará.

El Zegrí respondió alborotado que Haja no se podía casar sin licencia de su padre o hermanos, y que era suya, y la defendería hasta la muerte. Reduán que oyó la arrogancia del Zegrí, arremetió a él para herirle con muy encendida rabia. Los Zegríes acudieron a favorecer a su pariente, y los de Reduán, Muza y los Abencerrajes fueron a socorrerle.

El rey, viendo el escándalo que se empezaba, mandó pena de muerte a quien más hablase en el caso, que él determinaría lo que había de ser.

Con esto se aquietaron aguardando su determinación; y visto que ya estaban sosegados fue al estrado de la reina, y tomó de la mano a Haja, y puesto en medio de la sala la dijo que escogiese a Reduán o el Zegrí, o aquel que más gusto le diese.

La dama viendo que no podía dejar de obedecer el precepto de su rey, se puso confusa a considerar la palabra que habían dado sus hermanos al Zegrí, y por otra parte consideraba el mucho amor que tenía a su Reduán y él a ella, y el haberla librado del cautiverio, y los coloquios amorosos que entre los dos habían pasado, y a la fe y palabra que había dado de ser su esposa.

Considerándolo todo muy bien, se fue con el rey de la mano adonde estaban los caballeros juntos, y llegados, haciendo una reverencia al rey, le dio la mano a Reduán diciendo:

—Señor, este quiero por esposo.

El Zegrí quedó avergonzado de que él fuese el desechado; y no pudiendo sufrir el dolor se salió de palacio con intento de vengarse de Reduán, del cual se celebraron aquel día las bodas, y al siguiente hubo fiestas y zambra; y estando ocupados en estas fiestas, trajeron nuevas como mucha compañía de cristianos corrían y talaban la Vega, y así fue necesario dejar las fiestas por salir a ella para pelear con los cristianos.

El valeroso Muza, como capitán general, salió luego al campo acompañado de mil de a caballo y dos mil peones, y en topando el escuadrón de los cristianos trabaron muy sangrienta escaramuza, en la cual murieron muchos de ambas partes; mas siendo el poder de los moros mayor, por haber tres veces más gente que de los cristianos, quedaron vencedores, y ganaron dos banderas cristianas, y cautivaron muchos cristianos; aunque les costó cara esta victoria, porque murieron más de seiscientos moros. En este día hicieron los caballeros Abencerrajes y Alabeces grandes cosas en armas, y si no fuera por su valor no se venciera la escaramuza.

Volvió Muza victorioso a Granada, con lo cual se holgó el rey. También se señaló en este día Reduán, a quien el rey abrazó con muy grande amor, y por la victoria tornaron a hacer fiestas otros ocho días, y por los casamientos; las cuales pasadas determinó el rey salir a correr la tierra de los cristianos, porque lo deseaba, en particular a Jaén que era quien más daño le hacía; y dándole el cargo de capitán general al valiente Reduán, como está tratado y atrás habemos dicho, se partió de la ciudad de Granada.