libre, sano y con ventaja,
y te dé paz con tu tío,
señor de Guadix y Baza.»
No fue tan secreta esta salida de Granada, que en Jaén no tuviesen aviso de ella por las espías que tenía en aquella ciudad. Otros decían, que fueron avisados por unos cautivos cristianos que se huyeron de Granada. Otros dicen, que la dieron los Abencerrajes o Alabeces, y esto entiendo que es lo más cierto, porque estos caballeros eran muy amigos de los cristianos.
Sea como fuere, los de Jaén fueron avisados de la entrada de los moros en su tierra, y así ellos dieron aviso a Baeza, Úbeda, Cazorla y Quesada, y a los pueblos circunvecinos, los cuales se alistaron y apercibieron para resistir a los enemigos de Granada.
Estos llegaron a la puerta de Arenas, donde hallaron gran número de gente que defendía la entrada al enemigo; pero poco aprovechó la defensa, porque habiendo corrido los moros todo el campo de Arenas, entraron por su puerta a pesar de los que la guardaban, y corrieron todo el campo de la Guardia y Pegalajara, hasta Jordán y Belmar.
Los caballeros de Jaén salieron a los enemigos, porque fueron avisados que en la Puerta andaba el rebato. Salieron de Jaén cuatrocientos hijosdalgo bien armados; de Úbeda y Baeza otros tantos, y hechos todos un cuerpo de batalla, fueron en busca del enemigo que les corría la tierra, llevando por caudillo y capitán al obispo D. Gonzalo, varón de gran valor.
Juntáronse los dos campos de la otra parte del Riofrío, y aquí se acometieron, haciendo una brava escaramuza: mas era el valor de los cristianos tal y tan bueno, que les convino a los moros retirarse hasta la puerta de Arenas, de la cual habían roto una cadena que la atravesaba; y aquí fueran los moros vencidos, si no fuera por el valor de los caballeros Abencerrajes y Alabeces, que pelearon valerosamente; mas al fin hubo de quedar por los cristianos el campo.
Con todo eso los moros llevaron gran presa de ganados, así vacunos, como cabríos, de modo que no se señaló de ninguna parte haber demasiada ventaja.
El rey quedó admirado de ver la repentina prevención de los cristianos; y preguntando a unos cautivos que allí traían, cuál había sido la causa de haber juntado tanta gente en Jaén, le respondieron que habían sido avisados días había, y así estaba toda la tierra en arma; lo que fue bastante disculpa para Reduán sobre no cumplir la palabra dada al rey, que procuró inquirir y saber quién había dado el aviso.