Reduán muy bien sabía que Jaén no se podía ganar tan fácilmente; mas como era belicoso, tenía determinado de llegar a la ciudad y embestirla; y si no hubiera la poderosa resistencia que les hicieron, sin duda que la acometieran.

El rey y su ejército se volvieron a Granada, donde fueron recibidos con grande alegría y gozo, y se hizo en toda la ciudad mucha fiesta por el buen suceso.

Los de Jaén quedaron con grande triunfo por haber resistido a tanta morisma, y muerto a muchos de ellos.

El rey Chico venía fatigado del camino, y para aliviarse, ordenó de irse a una casa de placer, llamada los Alijares, y con él fueron los Zegríes y Gomeles: ningún caballero Abencerraje ni Gazul fueron con él, porque Muza los había llevado a un rebato causado de los cristianos que habían entrado en la Vega.

Estando un día el rey en los Alijares holgándose, y habiendo acabado de comer, comenzó a hablar de la jornada de Jaén y de los Abencerrajes; y cómo por ellos y por los Alabeces habían ganado grandes despojos.

Un caballero Zegrí, que era el que tenía el cargo de armar traición a la reina y a los Abencerrajes, dijo al rey:

—Si buenos son, señor, los caballeros Abencerrajes, mejores son los caballeros de Jaén, pues nos quitaron gran parte de la presa, y nos hicieron retirar por fuerza de armas.

Y era mucha verdad, que el esfuerzo y valor de la gente de Jaén fue muy grande, y aquel día quedó con nombre perpetuo, y fama para siempre; y en memoria de esta escaramuza se hizo el siguiente

ROMANCE.

Muy revuelto anda Jaén,