Y dejándole con buena guardia, entraron por la puerta muchos caballeros Abencerrajes, Alabeces y Gazules con más de cien peones.
El rey mandó cerrasen la puerta falsa, y que defendiesen la entrada, porque no hubiese dentro del Alhambra más mal del que se esperaba ver; pero poco aprovechó esta diligencia, porque la gente que había entrado era bastante a destruir cien Alhambras, y andaba por las calles diciendo: «Muera el rey Chico y los demás traidores», y con este ímpetu entraron en la casa real, donde vieron solo a la reina y a sus damas casi muertas, no sabiendo la causa de tan grande alboroto; y preguntando dónde estaba el mal rey, no faltó quien les dijo que en el cuarto de los Leones.
Luego el tropel de la gente fue allá, y vieron las puertas con fuertes cerraduras; pero muy poco les sirvió su fortaleza, porque las hicieron pedazos, y entraron dentro a pesar de los Zegríes que allí había, que defendían la entrada; y entrando los caballeros Abencerrajes, Gazules y Alabeces, viendo la mortandad de los Abencerrajes que había en aquel patio, a quien el rey había mandado degollar, se ensañaron de tal suerte, que si cogieran al rey y a los traidores, no se satisfacieran con que murieran degollados, sino que les buscaran mil géneros de penas para mitigar la mucha que ellos tenían; y acometieron todos a más de quinientos Zegríes, Gomeles y Mazas que estaban allí en defensa del rey diciendo: «Mueran los traidores que tal traición han hecho y aconsejado»; y con ánimo furibundo dieron en ellos a cuchilladas.
Los Zegríes y los de su parte se defendían poderosamente, porque estaban bien alistados de armas, y apercibidos para aquel caso; mas poco les valió todo esto, que allí los hacían pedazos, porque en menos de una hora ya tenían muertos más de doscientos caballeros Zegríes, Gomeles y Mazas, y siguiendo su porfía iban matando e hiriendo más de ellos.
Allí era el ruido y vocería, allí acudía toda la gente que subía de la ciudad, y siempre diciendo: «Muera el tirano y los traidores.» Fue tal la destrucción que los Abencerrajes, Alabeces y Gazules hicieron, y tal la venganza, que de todos los Zegríes, Gomeles y Mazas que allí estaban, no se escapó ninguno con vida. El desdichado rey se escondió, que no pudo ser descubierto.
Esto hecho, los caballeros muertos los bajaron a la ciudad y los pusieron sobre paños negros en la plaza Nueva, para que toda la ciudad los viese, y se moviese a compasión viendo un tan doloroso y triste espectáculo, y la crueldad que con ellos se usó.
Toda la gente andaba por la Alhambra buscando al rey con tal alboroto, que parecía hundirse todas las casas y torres; y si tempestad y ruido había allí, no menos alboroto y llanto había en la ciudad.
Todo el pueblo en común lloraba a los muertos Abencerrajes. En particulares casas lloraban a los muertos Zegríes, Gomeles y Mazas, y a otros que murieron en esta refriega. Por este conflicto y alboroto desventurado se dijo este
ROMANCE.
En las torres del Alhambra