tienen puesto su cuidado;
gran traición se va ordenando.
De esta suerte va declarando el romance la historia que se ha contado, y la traición; mas porque me aguardan otras cosas importantes no se acaba.
Volviendo a Muza, que con gran diligencia procuraba aplacar los airados pechos de los más principales caballeros y demás gente para que volviesen a dar la obediencia al rey Chico, como antes estaba, atrajo muchos a su voluntad, salvo los cuatro linajes que hemos dicho, y algunos más caballeros que no quisieron estar en la obediencia del rey Chico, sino a la del rey Mulahacén; y así siempre hubo allí muchas diferencias entre los dos reyes, padre e hijo, hasta que se perdió Granada.
Y la causa porque los Gazules, Alabeces, y Aldoradines no quisieron ser de la parte del rey Chico, aunque Muza hizo las diligencias posibles, fue el que ya tenían tratado entre ellos de volverse cristianos, y pasarse con el rey D. Fernando, como adelante se dirá.
Pues como viese Muza la mayor parte de la ciudad reducida a su voluntad para que volviese su hermano a ser obedecido, y al gobierno de su reino, procuró saber adónde estaba; y supo cómo se había retirado al cerro del Sol, que hoy llaman de Santa Elena, en una mezquita que estaba allí, huyendo de la voz que oyó cuando decían todos: Muera el tirano y los traidores; y visto este estrago, que hacían los Abencerrajes, Gazules y Alabeces en los Zegríes y Gomeles, se salió por una puerta falsa maldiciendo su ventura y el día de su nacimiento, quejándose del Zegrí que le había aconsejado cometer tal traición contra tan leales caballeros.
Los Zegríes y Gomeles le consolaban, diciéndole que no se fatigase, que mil Zegríes y Gomeles tenía de su parte, los cuales morirían en su defensa, y que el consejo no había sido malo, sino importante, si no se descubriera tan presto.
Y en esto vieron venir a Muza en un caballo, y fueron a dar aviso al rey; el cual temeroso preguntó, si venía de paz, o de guerra.
—De paz viene —respondió un Zegrí— y solo, y debe de querer hablarte.
—Alá se sirva que sea por bien —dijo el rey—; porque se temía de Muza, a causa de Celima.