Venida la mañana se fue la gente de guardia, y los cuatro caballeros determinaron de irse, porque no los echase menos el rey D. Fernando; y así pidieron licencia a la reina para partirse a la corte de su rey, porque les importaba que no supiese la ausencia que habían hecho.

—¿Pues cómo, señores, dijo la reina, estando tan lastimados, cansados y heridos os queréis poner en camino tal? No lo tengo de consentir: ¿por ventura os falta cosa alguna, o la deseáis?

—No uno ni otro —respondió D. Juan Chacón—, porque donde está vuestra alteza no hay que desear nada; pero importa irnos por lo que he dicho.

—Pues que así es —dijo la reina—, tornaos a curar, e id vuestro viaje con la bendición de Dios; y por él os ruego no me olvidéis, y suplicad a vuestro rey que comience la guerra contra Granada, porque a todos los que tienen deseo firme de ser cristianos, se les cumpla.

Los caballeros se lo prometieron así. La reina mandó llamar a los cirujanos; y curados, se armaron, y despidiéndose de la reina y Celima, Esperanza y de Moraicel, se partieron quedando llorando la reina la ausencia de tan buenos caballeros.

Muza, Malique Alabez y Gazul, que supieron que los caballeros extranjeros se iban de Granada, les salieron a prevenir un grande acompañamiento con más de doscientos moros, a más de media legua la vuelta de Málaga.

Pero así como los moros se despidieron de ellos, tomaron la vía de Castilla, y caminaron a grande priesa; y entrando en tierra de cristianos, supieron cómo los Reyes Católicos estaban en Écija: ellos fueron a Talavera, y hallaron a sus criados que los esperaban para que siguiesen la corte.

Allí estuvieron ocho días curándose muy secretamente, y estando ya mejores se partieron para Écija; y en llegando, pidiendo licencia al rey D. Fernando para irse a sus tierras, se la dio; y llegados a sus patrias, ellos y otros caballeros dieron orden de ganar a la ciudad de Alhama, llevando para ello la prevención conveniente, porque era muy fuerte; y siendo juntos muchos y principales caballeros la cercaron y combatieron por todas partes.

Donde los dejaremos combatiendo, por decir lo que pasó en la ciudad de Granada en este medio y sazón, y también porque a mí no toca escribir lo que pasó en aquesta guerra de Alhama, que no hace al intento, ni propósito mío.

CAPÍTULO XVI.