En este tiempo el rey Mulahacén, como hombre valeroso, no habiendo perdido sus bríos y braveza de corazón, ordenó de hacer una entrada en el reino de Murcia, y así juntando mucha y muy lucida gente, prometiendo buenos sueldos a los de a caballo y de a pie, salió de Granada llevando consigo dos mil hombres de a pie y de a caballo, y se fue a la ciudad de Vera, y tomando el camino de la costa, por dejar a Lorca, salió a los Almazarrones, y de allí fue a Murcia, y recorrió todo el campo de Sangonera, cautivando mucha gente.
D. Pedro Fajardo, adelantado del reino de Murcia, salió con la más lucida gente que pudo a resistir al moro, que andaba corriendo el campo con gran pujanza; y encima de las lomas del Azul, día de San Francisco, se rompió la batalla entre moros y cristianos, la cual fue muy sangrienta y reñida; mas fue Dios servido, por intercesión del bienaventurado Santo, que D. Pedro Fajardo con la gente de Murcia, mostrando grandísimo valor, venció a los moros, y desbarató y prendió al rey.
Viéndose desbaratados los moros, huyendo volvieron a Granada, donde se supo la prisión del rey Mulahacén y pérdida de todo su campo, lo cual se sintió en toda la ciudad, si no fue el infante Abdalí que se holgó mucho de la prisión del rey su hermano, porque por allí entendió alzarse con todo el reino, y así escribió al adelantado D. Pedro que le hiciese merced de tenerle al rey su hermano preso hasta que muriese, y que por ello le daría las villas de Vélez el Blanco y el Rubio, Xiquena y Tirieza.
Mas el adelantado, considerando la traición que el infante quería hacer, no quiso aceptar su oferta, antes dejó ir libremente al rey y a los que con él fueron cautivos; el cual como llegó a Granada halló a Abdalí apoderado del Alhambra, diciendo que su hermano se la había dejado en guarda.
Mulahacén muy enojado de esto, y más por la traición que le quiso hacer, se retiró en el Albaicín, adonde él y su mujer estuvieron muchos días.
La madre de Mulahacén, vieja de ochenta años, habiendo visto la liberalidad del adelantado, le envió diez mil doblas, el cual no las quiso recibir; y le envió a decir que se las diese a su hijo para que hiciese guerra a su hermano.
Visto que no había querido recibir los dineros, le envió ciertas joyas muy ricas y doce poderosos caballos enjaezados, todo lo cual recibió D. Pedro Fajardo.
A pocos días se volvieron al Alhambra, porque su hermano se la dejó libre, entendiendo que el rey no sabía nada de las cartas que le había enviado a D. Pedro Fajardo.
Mulahacén disimuló aquel negocio, y lo guardó para su tiempo, mas indignado contra su hermano y contra los que le fueron favorables, y todavía le dejó la administración del gobierno.
A este Mulahacén le llamaron el Zagal, y Gadabli; mas su nombre propio y más usado era el de Mulahacén.