Esta batalla y prisión de este Mulahacén escribió el moro cronista de este libro, y yo doy fe que en la iglesia mayor de Murcia, en la capilla de los marqueses de los Vélez, hay una tabla encima del sepulcro de D. Pedro Fajardo, en la cual se cuenta el suceso de aquesta batalla.

Volviendo a nuestro propósito, el rey Mulahacén muy enojado por lo que el gobernador su hermano había hecho, hizo un día su testamento diciendo: «Que en fin de sus días fuese su hijo heredero del reino, y que echase de él al infante su hermano, y a todos los de su bando.» Esto decía, porque seguían al infante Abdalí muchos caballeros Almoradís y Marines, los cuales sustentaban la parte del infante.

Por este testamento hubo después en Granada muchos alborotos, y entre los ciudadanos guerras civiles, como después de esto sucedieron; pues estando el rey Mulahacén en el Alhambra, y Granada, como de antes solía, debajo de la gobernación de dos reyes y un gobernador, no por eso dejaron los Almoradís de buscar modos y maneras para que totalmente el rey Chico fuese privado del reino; mas no podían hallar ninguna comodidad que buena fuese, respecto que los Zegríes y Gomeles estaban de su parte con otros muchos caballeros que reconocían que aquel era finalmente el heredero del reino; pero no por esto dejaban de buscar asechanzas y mil ocasiones tío contra sobrino, y sobrino contra tío; pero como el rey Chico estaba odiado de los más principales caballeros, no pudo salir por entonces con su intención en nada, ni pudo expeler a su tío del cargo que tenía, y así aguardaba tiempo para ejecutar su intención; y por alegrarse un día se paseaba por la ciudad con otros principales caballeros, por dar alivio a sus penas, rodeado de sus Zegríes y Gomeles, y le vino una muy triste nueva: cómo los cristianos habían ganado la ciudad de Alhama; con la cual embajada hubiera el rey de perder el sentido, así por perder aquella ciudad como por el peligro que tenía Granada de ser cada día corrida de cristianos.

Tanto fue su sentimiento que al mensajero que trajo la nueva le mandó matar; y subiéndose al Alhambra lloró la pérdida de su ciudad, y mandó tocar añafiles y trompetas de guerra para que con muy gran presteza se juntase toda la gente, y fuera al socorro de la ciudad de Alhama.

La gente de guerra se juntó toda al belicoso son de las trompetas, y preguntándole al rey que para qué los mandaba juntar, respondió que para socorrer a Alhama, que la habían ganado los cristianos.

Entonces un alfaquí viejo le dijo:

—Por cierto que se emplea muy bien tu desventura en haber perdido a Alhama; y merecías perder todo el reino, pues mataste a los nobles caballeros Abencerrajes, y a los que quedaban mandaste desterrar del reino; por lo cual se tornaron cristianos, y ellos propios son los que te hacen la guerra. Acogiste a los Zegríes que eran de Córdoba, y te has fiado de ellos; pues ahora irás al socorro de Alhama, y di a los Zegríes que te favorezcan en semejante desventura como esta.

Por esta embajada que al rey Chico le vino de la pérdida de Alhama, y por lo que este moro alfaquí le dijo, y por la muerte de los Abencerrajes, se dijo aquel romance antiguo tan doloroso para el rey, que dice en arábigo, traducido al castellano, de esta manera:

Paseábase el rey moro

por la ciudad de Granada