Con este favor tomaron grande ánimo los moros, y peleaban como leones con el ayuda de los cristianos, a los cuales no les faltaba nada de lo que habían menester.

Estas batallas duraron cincuenta días, sin cesar de pelear de día y de noche, y después de ellos se retiraron los de la ciudad con mucha pérdida de su gente, por el valor de los cristianos y de Muza; y el rey Chico reparó las murallas y puso gran defensa para estar seguro.

Los cristianos fueron muy bien tratados; los moros del Albaicín salían a la Vega y a sus campos a labrar las tierras, todo lo cual fue causa para que casi los más siguiesen el bando del rey Chico; pero no por esto se dejaban las continuas batallas entre los de la ciudad y Albaicín.

Los moros de la ciudad tenían más trabajo, porque peleaban con los cristianos de las fronteras, y con los moros del Albaicín; de suerte que de continuo tenían guerra.

En este tiempo fue cercada Vélez-Málaga por el rey D. Fernando. Los moros de Vélez enviaron a pedir socorro a los de Granada. Los alfaquíes amonestaron y requirieron al rey viejo que fuese a favorecer a los moros de Vélez.

El rey cuando lo supo se turbó, porque nunca imaginó que los cristianos osarían entrar tan adentro, y temiose salir de Granada, recelándose que en saliendo se alzaría su sobrino con la ciudad y se apoderaría en el Alhambra.

Los alfaquíes le daban priesa diciendo:

—Di, Muley, ¿de qué reino piensas ser rey, si todo lo dejas perder? Las sangrientas armas que sin piedad movéis en vuestro daño aquí en la ciudad, movedlas contra los enemigos, y no matando a los mismos naturales.

Estas cosas decían los alfaquíes al rey, y predicando por las calles y plazas, que era justo y conveniente cosa que Vélez-Málaga fuese socorrida.

Tanta era la persuasión de estos alfaquíes, que al fin se determinó de ir a socorrer a Vélez-Málaga; y habiendo llegado se puso en lo alto de una sierra, dando muestra de toda su gente.