Los guardas preguntaron quién era, y él dijo, vuestro rey soy. Luego le conocieron, y como estaban ya avisados de Muza que si viniese le diesen franca puerta, al punto le abrieron y entró con toda su gente.

En sabiendo Muza su venida le fue a recibir, y le metió en la fuerza del Alcazaba. Aquella noche fue el rey a casa de algunos caballeros de los más principales del Albaicín a decirles su venida, y como era para cobrar su reino con su ayuda. Todos los caballeros le prometieron su favor; y habiendo visitado a los caballeros de consideración se volvió al Alcazaba.

Al otro día por la mañana se supo por toda la ciudad de Granada la venida del rey Chico, y tomaron las armas para ofenderle como a rey.

El rey viejo su tío que estaba en el Alhambra, como supo la venida de su sobrino el rey Chico, hizo armar mucha gente de la ciudad para pelear contra los del Albaicín, y entre unos y otros hubo una cruel batalla, en la cual murieron muchos de ambas partes.

De la parte del rey viejo eran Aldoradines, Marines, Alabeces, Bencerrajes y otros muchos caballeros.

De la parte del rey Chico eran Zegríes, Gomeles, Mazas, Venegas, Alabeces, Gazules, Aldoradines y otros muchos caballeros principales.

Fue tan reñida aquesta refriega que ninguna de las pasadas le llegó, porque hubo mucha mortandad y derramamiento de sangre.

El valor de Muza, que seguía la parte de su hermano, era causa de que los de la ciudad lo pasasen peor, aunque ya les tenían aportillado el muro por tres o cuatro partes; lo cual visto por el rey Chico, envió a gran priesa a pedir socorro a D. Fadrique, capitán general puesto por el rey D. Fernando, haciendo saber como estaba en el Albaicín en gran peligro, porque su tío le hacía cruel guerra.

D. Fadrique le socorrió por mandado del rey Chico, y le envió mucha gente de guerra, arcabuceros todos, y por capitán de ellos a Hernando Alabez, alcaide de Colomera.

Con este socorro los moros se holgaron mucho, especialmente porque D. Fadrique les envió a decir que peleasen como varones fuertes por su rey, que era aquel, y que les daba palabra que seguramente podían salir a la Vega a sembrar y labrar sus tierras sin que nadie se lo estorbase.