—No las podemos dar sino en sus manos —respondieron ellos.

—Pues aguardad aquí. Avisaré al rey —dijo Alabez; y lo hizo, y dijo si los dejaría entrar o no.

El rey mandó que los dejase entrar para oír su mensaje; y mandó a doce caballeros Zegríes y Gomeles que estuviesen prevenidos en su sala por si había alguna traición.

Esto hecho, y el alcaide alistado de armas, volvió a los mensajeros y les dijo que entrasen; y entrados donde estaba el rey, y viéndole que estaba tan acompañado, disimularon, y alargando la mano el un mensajero para darle al rey los despachos, se los quitó el alcaide y se los dio al rey; y abriendo la carta la leyó toda, y como estaba avisado de la traición, mandó luego que prendiesen a los mensajeros, y dándoles tormento confesaron la verdad, y fueron sentenciados a muerte, y los ahorcaron de las almenas del castillo; y el rey Chico respondió a su tío en una carta lo siguiente:

«El muy poderoso Dios, criador del cielo y la tierra, no quiere que las maldades de los hombres estén ocultas, sino que a todos sean patentes, como ha hecho en haber descubierto tu maldad. Recibí tu carta, más llena de engaños que el caballo de los griegos. Ahora me prometes amistad, que estás harto de perseguirme, matando a mis familiares y caballeros que me seguían. Traigo por testigos de esto a los de Almería que lo sabían, y a mi inocente hermano que degollaste. No sé por cuál razón hiciste tal crueldad; mas yo confío en Dios que algún día me lo pagarás con tu cabeza, y los de Almería no quedarán sin castigo. El reino que tienes era de mi padre, y de derecho es mío; quereisme todos mal porque trato con cristianos: bien sabéis que por comunicar con ellos labran los moros sus tierras, y tratan en sus mercaderías seguramente: los cuales no lo hacen estando debajo de tu dominio contra toda razón. Avísote que algún día he de estar sobre tu cabeza, y me pagarás la traición que contra mi padre cometiste, y la que a mí ahora querías hacer debajo de tus melosas palabras; pues sábete que adonde tú estás tengo quien me da aviso de tus traiciones. Enviaste cuatro mensajeros, tales como tú, para que me diesen muerte, y pagaron su maldad, y confío que tú pagarás la tuya. Las joyas que me enviaste las quemé en pública plaza a vista de todos, recelándome de tus traiciones. No sé por qué las usáis siendo de linaje de reyes y teniéndoos por tal: no más. De Vélez el Blanco, etc.—El rey de Granada natural.»

Esta carta escrita, la envió a Granada con otra que iba para Muza, y él se la dio a su tío, el cual como supo que a los mensajeros que él envió para matar a su sobrino los habían ahorcado habiendo confesado la traición, se halló muy confuso; mas disimulando, andaba cuidadoso y con recato de su persona.

Muza leyó la carta de su hermano y decía:

«No sé, amado hermano, cómo tu valor consiente que un tirano sin razón ni ley tenga usurpado el reino de nuestro padre y abuelos, y que me persiga y tenga desterrado de lo que es mío. Si están mal conmigo los Almoradís y Marines por la muerte de los Abencerrajes, quien fue la causa de ello pagó la culpa, y yo como rey usaba justicia. Si siendo cautivo traté amistad con cristianos, fue por mi libertad, y por el bien de Granada, porque con el favor de ellos las tierras se labran. Poco hacía al caso pagar al rey tributo, dejando nuestro reino en paz. Ahora veo que va peor teniendo Granada otro rey, porque los cristianos se van apoderando del reino y ensanchando el suyo. Por Dios te ruego, que pues tu valor es para todos bastante, que tomes a tu cargo mi defensa por la honra de ambos; y considera la ambición de este tirano, pues derramó la sangre de nuestro inocente hermano. Dame aviso de todo. De Vélez el Blanco, etc.—Tu hermano el rey.»

Así como Muza leyó la carta su hermano fue muy indignado contra su tío, especialmente por la muerte de su tierno hermano; y así luego enseñó la carta a sus amigos los caballeros Alabeces, Almoradís, Gazules, Venegas, Zegríes, Gomeles y Mazas, porque también eran amigos de su hermano; y habiendo visto por ella la disculpa que daba de la muerte de los Abencerrajes, y el arrepentimiento que mostraba del testimonio levantado a la reina, acordaron entre todos los caballeros de escribir al rey Chico que viniese a Granada con secreto, y que entrase en el Albaicín por la puerta de Fajalauza, y que se entregaría de la fortaleza de Blo Albulut, antigua morada de los reyes, porque era alcaide de ella Muza.

Aquesta carta fue enviada al rey Chico, el cual como la leyó y vio la firma de su hermano Muza y de algunos caballeros, luego se dispuso para ir a Granada, y también porque se le iban los moros que tenía en su guarda y servicio, y le quedaban ya pocos; y así se partió y llegó una noche muy oscura a la puerta de Fajalauza con solos cuatro de a caballo, porque los demás se habían quedado apartados un poco atrás, y como llegó llamó a la puerta.